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El Tigre
17/04/2021
Mundo Oriental
Opinión

Destellos de la memoria: Personajes de mi pueblo (Alirio Barreto)

José “Cheo” Salazar

Twitter: @Cheotigre

“No se aprende a caminar siguiendo las reglas. Se aprende caminando y cayendo”

Richard Branson (1950 – )

Empresario inglés

Los vecinos que son asiduos visitantes al Mercado Municipal lo conocen, lo han visto o le han comprado algún tipo de mercancía. Es Alirio Barreto. Uno de los tantos comerciantes permanentes en nuestro principal centro de distribución de alimentos. El oficio lo ejerce formal e informalmente. Posee un puesto fijo, pero cuando la cuestión se pone dura, sale a caminar por todos los espacios del edificio y sus alrededores. No hay recoveco que no conozca en ese ambiente comercial y dónde no lo conozcan. Es un típico e inconfundible trabajador del mercado. Es su segunda casa. No corre muy lejos.

En esa corporación de pequeños vendedores, tiene laborando más de 30 años, allí se mueve como pez en el agua. La clientela sabe que en su puesto puede obtener desde una espumosa, el traguito de brujita, cigarrillos al detal, ron de “Morrona”, tamarindo, moriche, frijol, aceite de palo, miel de abeja, aceite de coco y en la temporada hojas para las hallacas.

El popular “garabato”, su vecino y colega nos dice en tono jocoso “Alirio no se vende él porque no consigue quien lo compre”, porque hasta animalitos de la lotería local todavía ofrece para premios en alimentos o efectivo. Tiene para todos los gustos.

Los hermanos Gamboa, vecinos en la calle Venezuela y sus colegas vendedores en el Mercado Municipal, nos dicen que “en Pueblo Ajuro cuando chico, le llamaban cariñosamente conejo, pero en el mercado lo, conocen como el hombre de la pistola ya que no usa correa y se aguanta el pantalón, con el dedo gordo de la mano derecha y pareciera que siempre carga un armamento”.

Los choros ni se le acercan por el temor de ser repelidos a plomo limpio. No tienen idea de lo inofensivo que es Alirio. No es “yerro” es el dedo, pero es persuasivo. Cada uno tiene su manera de resguardar su seguridad. Es cuestión de forma y estilo. Y el estilo es el hombre.

Alirio Barreto, nació en Atapirire, el 10 de octubre de 1950. Es hijo de la pareja que conformaron los ya desaparecidos físicamente Ángel Antuárez y Laura Barreto, quienes, en el año 1954, buscando mejores condiciones de vida y educación para sus 9 hijos, vinieron al incipiente poblado de El Tigre, fijando residencia en la calle Venezuela #8, de Pueblo Ajuro, muy cerca de la escuela, para entonces Rotaria, Felipe Walker.

Allí, Alirio Barreto, estudio toda la primaria e inicio el bachillerato en el Liceo Revenga cuando funcionaba en la 2da Carrera Norte, pero al culminar el 1er año, se marchó a cumplir con el servicio militar obligatorio y fue asignado al batallón de cazadores “José Antonio Paez #1” en San Juan de los Morros, luego al Teatro de Operaciones en Santa Inés, estado Lara y egresó en el año 1973, con el rango de Cabo 1ero, cuando ejercía como ecónomo en el batallón de Fuerte Tiuna. Es un reservista de verdad.

Una vez de baja, como era costumbre en esa época, todos los recién salidos del Ejército iban directo a engancharse en las policías. En ese rol cumplió 8 años, en la para entonces, Policía Metropolitana del estado Anzoátegui, pidió la baja porque los ingresos eran muy exiguos para mantener la tropa familiar que crecía, pues a temprana edad ya tenía 4 hijos.

Vio una oportunidad de ganarse la vida con los juegos de envite y azar e inmediatamente salió a la calle a vender dupletas de caballos, las pollas hípicas, del siempre bien recordado amigo Pablito Ribas, animalitos etc., actividad que continúo y continúa desde que se ubicó en el mercado, desde dónde, según sus propias palabras, “lo sacarán muerto”. Es su hábitat natural.

Alirio Barreto, es uno de esos trabajadores cuyo brillo y notoriedad sólo pueden observar los que son compradores habituales del Mercado Municipal. Tiene gran capacidad, habilidad y destreza para el negocio al menudeo. El de ya para ya. No hay un día en la semana que se vaya en blanco.

Aunque sea un cigarrillo vende y sí, le llega un labriego con alguna cosecha o un cazador con alguna pieza, la compra y revende al momento con una pequeña ganancia. Es una forma de ganarse la vida de forma honesta y digna. Todos los días hay una oportunidad de comprar y vender. Él conoce perfectamente el entorno.

El amigo Alirio Barreto, es un personaje cuya importancia viene dada por la utilidad en el ambiente laboral donde se desempeña. No tiene miedo a los negocios. No siguió ninguna regla para aprender. Fue perdiendo y ganando. Cayendo y parándose. Eso sí, se mantiene firme en su pequeño puesto del mercado, y creo, sin temor a equívocos, merece, una vez que nuestros eximios cronistas e historiadores, decidan escribir la verdadera y autentica historia de la ciudad, ser incluido en el disco duro de nuestra memoria histórica. ¡Vale la pena! 

El Tigre, febrero 2020

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