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El Tigre
09/12/2021
Mundo Oriental
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Diario de un Retorno: Contra viento y marea (2da Parte)

Muchos hemos oído; sobre todo en estos últimos meses desde que se inició la cuarentena motivada por la aparicion del virus de Covid-19, de la gran cantidad de venezolanos que decidieron regresar al país arguyendo distintas razones; muchas a veces trágicas.

La siguiente es la continuacion de la gran travesia que vivio el joven venezolano Daniel Loggiio, quien dio a conocer sus aventuras y desventuras en una publicación en su perfil de la red social facebook relatando cómo fue su periplo al retornar al país que lo vio nacer.

Presentamos la continuacion de la historia contada por su protagonista en su segunda entrega de 4 partes:

El día 2 salimos a las 3 am para aprovechar la frescura de la madrugada, pero… las llantas del carrito se terminaron de abrir, así que tuvimos que parar en una bomba en la entrada de Chinu.

No había ventas de repuesto abiertas, no teníamos cómo cambiar las ruedas, estabamos estresados, hasta que… empezamos a revisar los grupos de ventas por facebook y de la nada encontramos a un chamo que estaba vendiendo una bicicleta rin 16 para reparar; le escribimos y cuadramos para que nos vendiera las ruedas, el acepto.

Estuvimos ahí hasta las 9 de la mañana, acomodando el carro, en ese transcurso de la mañana hubo gente que pasaba y un señor nos regaló el desayuno a todos junto con un refresco, luego una señora nos trajo un paquete de galletas con mermelada para el camino; la gente se asombraba por la forma en que viajabamos y más cuando deciamos que ibamos hasta Cúcuta.

Amaneció, pudimos seguir nuestro camino, pasamos por fin por Chinu.

La vía era más que todo bosque, y la carretera era subida y más subida, MATADOR!, eran las 12 y el sol nos estaba matando, así que decidimos acampar a orillas de la carretera y prender el fogoncito.

Teniamos arroz, harina. aceite, sal, café, maíz de cotufa (Crispeta), así que decidimos cocinar primero unas cotufitas y luego el arroz. Adivinen a quien le tocó hacer el arroz.

A este negrito bello pues, el mega chef.

Voilàaaa!.. Comimos, descansamos y seguimos nuestro camino.

Más adelante, al carrito se le explotaron las ruedas, ¡Los más salados!, estábamos en medio de un bosque, así que no nos tocó de otra que sacar los bolsos del carrito, botar ropa para poner más livianos los bolsos ya que nos iba a tocar llevarlos en la bicicleta, cada uno su bolso.

El carrito lo dejamos tirado detrás de un árbol, y a partir de ahí seguimos dandole pero esta vez con los bolsos a cuestas. Ese día duramos pedaleando hasta las 9 de la noche, llegamos a un lugar llamado Sampues, a una bomba, no teníamos donde pasar la noche y en eso salen unas mujeres y nos preguntan que de dónde venimos y a donde íbamos. Les dijimos que éramos venezolanos y le echamos el cuento.

Pues resulta que eran venezolanas también y trabajaban como damas de compañía en el hotel que estaba al lado de la bomba; al frente había un estacionamiento donde los gandoleros pasaban la noche y los que querían, iban y echaban su polvito.

Nos pusimos hablar con ellas y nos consiguieron un lugar donde pasar la noche y nos dieron un buen plato de comida; además nos facilitaron un baño para que nos bañaramos.

El baño nos cayo de maravilla, nos relajamos y nos acostamos a dormir.

El día 3 salimos a las 3 am también, para aprovechar la madrugada; pero como cosa rara no fue así.

El pana que venía manejando la bicicleta con el carrito se volteo JAJA. Así que mientras acomodabamos todo nuevamente, amaneció y tuvimos que seguir con el sol de la mañana.

Ese dia estuvimos andando hasta las 7 de la noche, llegamos a una finca donde había un restaurante abandonado en las afueras de la entrada y el encargado nos dio permiso de pasar la noche ahí. No seguimos pedaleando más porque, como cosa rara a mi siempre me tiene que pasar algo y, llegando a ese lugar, en una subida, se me partió el volante de la bicicleta.

Bueno, esa noche comimos pan con malta y el encargado nos llevó unos mangos verdes de postre, y a comer con sal. Estaban buenos jaja.

El dia 4 nos levantamos a las 4 am, y seguimos, no había pasado mucho tiempo cuando en una bajada la bicicleta del pana que llevaba el carrito se espicho. El sol estaba &rr€ch0, duramos 2 horas arreglando la bicicleta, se hicieron los 9 y el resto del camino era pura subida, pero en eso..

Pasó un camión y nos dieron la cola, ¡¡¡¡Al fiiiiiiiiin!!!!.

Nos adelantaron un buen pedazo, llegamos a un pueblo que estaba más adelante (no recuerdo el nombre) y aproveche y solde el volante de la bicicleta (cabe resaltar que tuve que ponerle un pedazo de tubo en la parte donde se había roto para poder manejar mientras conseguía donde acomodarla.

Asi quedo, como si nada le hubiera pasado.

Ese día duramos pedaleando hasta las 9 pm; y eso porque se volvió a espichar la bicicleta del pana xd.

Esa noche dormimos en el piso de una cauchera.

Continuará…

Proximas entregas:

Parte 3: 26/05/2020
Parte 4: 27/05/2020

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